El Palacio Primacial
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Cerrado los Lunes.
Este majestuoso palacio de color rosa fue construido para el arzobispo de Esztergom, el cardenal José Bátthyány, entre los años 1778-1781. El palacio se cuenta entre los tesoros de la arquitectura clásica en Eslovaquia y fue construido según proyecto del arquitecto Melchior Hefele.
Ye en el año 1370 se menciona la existencia en este lugar de la casa de un obispo. Después de la ocupación de Esztergom por los turcos en 1543, el arzobispo de entonces se vio obligado a escoger la ciudad de Presburgo como su nuevo refugio. Se instaló en la preciosa sede gótica de su antecesor, que ya antes había sido el edificio más representativo de la ciudad. El edificio se seguía reconstruyendo constantemente para que pudiera recibir en cualquiera momento incluso el monarca. En el año 1563 se reunieron probablemente aquí los estados húngaros y en el mismo año tuvo lugar el banquete que siguió a la primera coronación en Presburgo de Maximiliano II, ya que l rey y su familia estuvieron alojados en calidad de huéspedes en el palacio del arzobispo. En el siglo XVIII este palacio fue sustituido por el actual porque el arzobispo ya no le veía como suficientemente representativo.
Después del voraz incendio del castillo en el año 1811 los reyes húngaros sólo residieron aquí ocasionalmente aunque anteriormente, en 1790, se había alojado, después de su coronación, Leopoldo II. La Sala de los Espejos del palacio, no empezó a utilizarse para coronaciones y bailes hasta el año 1830, durante la estancia de Fernando V.
En el año 1805 tuvo lugar en el Palacio Primacial un sucesor importante. Después de la batalla de Austerlitz se firmó en su sala de los espejos la Paz de Presburgo. Como consecuencia del pacto el emperador francisco I perdió gran parte de su país alcanzando Napoleón la cumbre de su poder.
En conmemoración de esta gran victoria se puso el nombre de Presburgo a una calle en París, la rue de Pressburg, que conduce hasta los campos Elíseos. El tratado de paz fue firmado en nombre del emperador por el Príncipe de Liechtenstein, y en nombre de Napoleón lo firmo su ministro Talleyrand.
Ya algunos días antes de esta batalla 10.000 soldados franceses ocuparon la ciudad. Iban de camino hacia Moravia para encontrarse con los ejércitos austriaco y ruso cerca de Austerlitz. En lo batalla, que dura solo unas horas, se enfrentaron 180.000 soldados de los cuales 50.000 perdieron su vida. En 1809 los franceses volvieron a aparecer ante la ciudad, pero esta vez la ciudad resistió con valentía. Alrededor 18.000 soldados franceses, bajo el mando de mariscal Davout, sitiaron Presburgo desde otro lado del Danubio. La ciudad estuvo durante unas semanas batida por el fuego de la artillería enemiga pero, a pesar de su resistencia, la llegada al poco tiempo de la noticia de que los franceses habían vencido cerca de Wagram, la hizo capitular. El bombardeo destruyó una gran parte de la ciudad, como todavía nos lo recuerdan las balas de cañón incrustadas en las fachadas de algunos edificios.
En la primera planta del Palacio Primacial, abierta al público, los visitantes pueden admirar la belleza de los interiores más representativos, como el salón de los espejos, donde fue firmada la Plaza de Presburgo, así como también la capilla de San Ladislao. Aquí pues, se encuentra uno de los tesoros artísticos de la ciudad: un conjunto de seis tapices inglesas del siglo XVII que muestran la leyenda de Hera y Leandro. Hasta el día de hoy sigue siendo un misterio cómo llegaron los tapices desde Inglaterra hasta nuestra ciudad. La suposición más probable es que fueran elaboradas para el Rey Carlos I Eduardo, pero que luego cayeran en manos de los republicanos, bajo el mando de Oliver Cromwell, y fueran vencidas. Provienen de una manufactura real en Mortlake, cerca de Londres, fundada en el año 1619 por el rey inglés Juan I según el modelo de talleres de tejer del rey franceses Enrique IV. El conjunto, que se halla en el Palacio Primacial, fue tejido entre los años 1603-32 por tejedores flamencos siguiendo los esbozos de Franz Klein, en la época en que Francis Crane dirigía la manufactura.
Cuando en 1903 el arzobispo vendió el palacio al municipio, enseguida se empezó se renovación. Fue entonces cuando se hallaron, en un pequeño hueco, al quitar el recubrimiento de las paredes, todos y cada uno de los tapices; hecho que causó una gran sensación y sobre el que escribieron los periódicos en todo el reino. Estaban tejidos en lana de seda y, gracias a colorantes orgánicos y a la oscuridad en la cual habían estado escondidos, mantuvieron sus colores originales por mucho tiempo. Estas tapicerías municipales tienen hoy un valor artístico incalculable porque forman el único conjunto marcado con la señal real Mortlake conservado completamente. Otros ejemplares o conjuntos incompletos se encuentran en Inglaterra y Suecia, en colecciones privadas.
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