Guia de Viajes de Bratislava - Turismo en Eslovaquia - Castillo de Bratislava

 
El Castillo
Museo Histórico. Martes a Domingo. De 9:00 a 17:00.
Museo de Joyas Históricas. Martes a Domingo. De 10.00 a 12:00 y de 13:30 a 16:00.
www.snm.sk

Esta antigua fortaleza sigue siendo desde hace siglos la principal denominadora de la ciudad. La silueta del castillo con sus cuatro torres recuerda a muchos una mesa “vuelta patas arriba”. Dominando majestuosamente desde encima de un estribo rocoso, 85 metros por encima del nivel del Danubio, conoció sus mejores tiempos en el siglo XVIII cuando en él residía de vez en cuando Maria Teresa de Hamburgo, como Reina de Hungría.

En la colina de Castillo vivieron ya los celtas y más tarde los romanos. Los eslavos también se dieron cuenta de lo estratégico de este emplazamiento y construyeron aquí, en el siglo IX, un poblado bien fortificado, con vivienda y una gran iglesia cristiana, cuyos cimientos aún son visibles en la zona oriental del castillo. La primera noticia escrita sobre el castillo aparece en los anales de Salzburgo, en el año 907, diciendo que los bávaros fueron vencidos por el ejército húngaro cerca de Brezalauspruch. Después de la conquistas del reino de la Gran Moravia, los húngaros tomaron la fortaleza eslava y desde el siglo XI la incorporaron al sistema defensivo del joven reino húngaro. Posteriormente, el siglo XIII trajo consigo grandes cambios en su construcción. Levantaron un robusto pero habitable torreón romano y varias atalayas, hasta recibir su aspecto actual, en el siglo XV, después de que Segismundo de Luxemburgo lo eligiesen como residencia en Hungría. El viejo torreón habitable fue derribado y en su lugar se levantó un gran palacio gótico, con cuatro alas, conservando la atalaya original e incorporándola al nuevo edifico. La fortaleza también fue ampliada y, mirando hacia la ciudad, se construyó la puerta nueva y rica en adornos, conocida como Puerta de Segismundo.

El ala occidental del castillo forma parte de la fortaleza. Por esta razón la muralla llega a la tener en algunos sitios una anchura de hasta 11 metros. También fue construido en el siglo XV el pozo que se encuentra bajo el patio del castillo, que hasta el siglo XVIII fue la única fuente de agua potable para sus habitantes. Su parte honda tiene la respetable profundidad de 85 metros, llegando hasta el nivel de la superficie del Danubio, incluso continuando hasta el de las aguas interiores.

Tras la sangrienta derrota del ejército húngaro en 1526, en la batalla de Mohács, Fernando I de Habsburgo fue el nuevo rey y, dado que el castillo ya no satisfacía las altas pretensiones reales, lo hizo renovar. La elaboración del proyecto de esta radical reconstrucción renacentista fue encargada al pintor y arquitecto vienés, perteneciente a la Casa Real, Pietro Ferrabasco, que había trabajado también en la reconstrucción de Hofburg en Viena. En el año 1552 se empezaron a guardar en el torreón grane del lado suroeste las joyas que se usaban únicamente durante las coronaciones que tenían lugar en la Catedral de San Martín. Las joyas estuvieron fuertemente vigiladas, en la Torre de la Corona hsta el año 1783, con la excepción de cortos períodos de tiempo.

La última reconstrucción fue barroca y se hizo durante el reinado de Maria Teresa, en el siglo XVIII. La reina había prometido a la nobleza húngara pasar más tiempo en Hungría y por esa razón se decidió a realizar la reconstrucción barroca del castillo, que tenía que satisfacer las necesidades de la reina. El interior fue amueblado siguiendo el estilo rococó propio de la época y por todos los lados del edifico más pequeños. El edificio más pomposo de todos estos fue proyectado por F. A. Hillebrandt, como nuevo palacio para Maria Cristina, la hija preferida de Maria Teresa, y su marido el Duque Alberto de Sajonia, que llegó a ser virrey húngaro. El palacio fue levantado en la muralla oriental, orientado a la ciudad. El duque encontró por fin aquí suficiente espacio para su colección de arte, que era ya grande en aquella época. En la parte occidental crecieron espaciosos jardines barrocos, una sala de equitación cubierta y un invernadero. Para la ciudad era un gran honor tener unos habitantes de tanto prestigio, cuya presencia atraía compositores de música a la ciudad.

La ciudad no pudo disfrutar de esta Edad de Oro durante mucho tiempo porque el hijo sucesor de Maria Teresa, José II, un gran reformador, hizo trasladar en 1783 la administración del país a Buda, y el duque Alberto de Sajonia también abandono Presburgo llevándose, por supuesto su colección de arte, que forma parte hoy de la Galería Albertina de Viena. De esta manera el castillo quedó vacío durante cierto tiempo, hasta que un año más tarde se trasladó allí el Seminario General, donde  estudiaban también conocidos eruditos eslovacos. Pero ya en el año 1802 se alojó el ejército en el castillo, hecho que trajo su decadencia. El castillo aún consiguió resistir el sitio de los franceses en los años 1805 y 1809, pero su final llegó en el año 1811, cuando por culpa de la guarnición militar se declaró un gran incendio que destruyó todo el recinto, y se extendió también al área situada debajo. Después de esta desgracia ya no fue reparado de nuevo y empezó a derrumbarse. Durante los años siguientes fue convirtiéndose poco a poco en ruinas. Una por una se derrumbaron las plantas e incluso aparecieron para arrasarlo todo. Después de la segunda guerra mundial y tras largas discusiones se decidió reconstruirlo y, finalmente, en 1953 se empezó con la investigación, estudio y posterior reconstrucción.

Actualmente se pueden encontrar en el castillo diversas exposiciones del Museo Nacional Eslovaco y salas respectivamente del Parlamento Nacional de la República Eslovaca. Los trabajos aún continúan con el fin de devolver al recinto des castillo al aspecto que tenía en la época anterior al gran incendio.

 

 
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